V i S i T a S

jueves, 31 de julio de 2008

Gladiator



No sé porqué pero he recordado la primera vez que vi esta película. El tío Rafa y yo estábamos reventados de caminar por Londres. Empezamos temprano en la mañana y ya habíamos cenado y Morfeo, que era hijo del Sueño y de la Noche, intentaba atraparnos en sus acogedores brazos. Pero había que aprovechar un poco la ocasión y se nos ocurrió ir al cine. De la mitad no nos enterábamos y, lo que es peor, empezamos a pegar "cabotaes", en las escenas tranquilas, claro. De repente, las espadas entrechocaban a un volumen bestial y nos rescataba del sueño, aguantábamos hasta la siguiente escena de diálogo. Xè collons, què desastre. Volvimos tarde a donde dormíamos, siempre había oído decir que Londres no tiene vida nocturna pero aquello estaba muy animado, el autobús iba a reventar. Bueno, sobre el resto del viaje ya haré alguna entrada, nos lo pasamos bien.

martes, 29 de julio de 2008

Santiago Penagos (Cuchillo) - The Stranger



Tocando un gran tema de The Shadows, aunque debería haber usado la Stratocaster, la verdad es que me gusta también tocado con la Gretsch. Hace años el luthier me hizo una modificación para poder usar las pastillas dobles como sencillas y me gusta mucho usar las dos opciones. Bueno, como puse en mi página de videos, soy un señor mayor tocando canciones antiguas.

lunes, 28 de julio de 2008

In the heat of the night


Escuchando a The Everly Brothers cantar That'll be the day. El calor me esta torturando este verano, incluso más que en años anteriores. Deberían inventar un aire acondicionado portátil para gente como yo. La humedad es alta y la temperatura nocturna no baja de 26 grados centígrados, no me extraña que la gente se vaya a cualquier sitio por no estar en esta ciudad. Siempre me ha gustado más agosto que julio, por lo menos todo está tranquilo.

domingo, 27 de julio de 2008

Ahora vuelvo...



Uno de mis libros preferidos de la Biblia es Job,
supongo que me entenderás:


3:6 Ocupe aquella noche la oscuridad;
No sea contada entre los días del año,
Ni venga en el número de los meses.
3:7 ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria,
Que no viniera canción alguna en ella!
3:8 Maldíganla los que maldicen el día,
Los que se aprestan para despertar al Leviatán.

3:23 ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir,
Y a quien Dios ha encerrado?
3:24 Pues antes que mi pan viene mi suspiro,
Y mis gemidos corren como aguas.
3:25 Porque el temor que me espantaba me ha venido,
Y me ha acontecido lo que yo temía.
3:26 No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado;
No obstante, me vino turbación.

Una mujer hermosa y terrible, como un ejército dispuesto para el combate

sábado, 26 de julio de 2008

Cuchillo - Himno de Riego

Cuchillo - Himno de Riego
Video sent by duojet

Cuchillo - Himno de Riego (Spanish hymn second republic). Un pequeño homenaje a mis abuelos, Santiago y José, ambos lucharon en la guerra civil por la república.
A small tribute to my grandparents, Santiago and José, both fought in the spanish civil war in the camp of the republic.

viernes, 25 de julio de 2008

1981 (2ª parte)



A principios del otoño de 1981, en lo que llamábamos Tascas, el Ratón me presentó a un compañero del instituto que se llamaba Paco. Tocaba la guitarra y cantaba, bastante mejor que yo, por cierto. Le gustaban mucho The Beatles y Elvis, empezamos a hablar de música y le tomé un poco el pelo, luego me lo recriminó siempre, diciéndole si conocía a Edgar Allan and The Poes, que era la fantasía que usaba yo para pensar en mi grupo inexistente. El caso es que conectamos bastante y nos hicimos amigos inseparables. Juan empezó a salir con su novia con la que después se casó, Mª Ángeles y fue separandose gradualmente de todos nosotros. Volviendo a casa en la línea 70 del autobús, le propuse a Paco formar un grupo de rock, buscar gente y todo eso y me dijo que sí. Había pensado en el nombre de LOS CUERVOS por el poema de Edgar Allan Poe. Le regalé una chapita de Holly y las llevábamos los dos en las cazadoras vaqueras, éramos unos críos, nos gustaban aquellas tonterías. Paco aparecía por allí con una vieja Mobilette y su cazadora vaquera Levi's y su sed, ponía bastante empeño, como todos nosotros, en beber la máxima cantidad de cerveza en el menor tiempo posible porque como todos nosotros, una vez más, tenía sus problemas. Es difícil ir creciendo y además a finales de ese año cumplí 18 años y para corroborar mi mayoría de edad me enamoré, iba atrasado en esto como en casi todo. Me habían gustado muchas chicas, eso sí, (aquí debo omitir la palabra reciprocidad, lamentablemente) y tenía mis fantasías como cualquier hijo de vecino, con las estrellas de cine o las chicas que pululaban por las páginas de la revista Playboy, esas tías de cuya existencia los tíos normales sólo nos enteramos por esa revista, pero nunca me había colgado así por una chica hasta aquel momento. Mis padres jamás hablaron conmigo de sexo y lo mismo puede decirse de amor, mi educación sentimental la recibí en las novelas, las canciones, el cine y, por supuesto, la calle. Pero las fantasías eran justamente eso y lo que de verdad buscaba era una chica que estuviera loca por mí y yo por ella, no buscaba una “rica colección” de ligues y menos mal porque se trata de un asunto para el que no estoy dotado y aquí también podría poner el adverbio lamentablemente. Por no desaprovechar una palabra tan larga como ese adverbio: en aquellos días empecé a fumar, ojalá no lo hubiera hecho porque cada vez me fui viciando más y más, resulta muy perjudicial para la salud, del cuerpo y del bolsillo. Resultaba cómodo estar agarrado a algo, a veces, cuando he estado mal, he pensado que no me caía gracias a estar sujeto al cigarrillo.
Pensándolo ahora me creo dar cuenta de que se trataba de un enamoramiento de adolescente y que a los chicos nos cuesta mucho más madurar, además de todo eso que dicen los psicólogos sobre todo esto, lo otro y bla, bla, bla. Mas entonces, qué demonios, me parecía el sentimiento más fuerte que pudiese haber sobre la faz de la tierra. Así que me propuse que me ligaría a aquella chica o moriría en el intento y casi consigo las dos cosas. No gracias a mis amigos o a mí, desde luego, sino gracias a otros amiguetes como el famoso Pepe y otros cuyos nombres no vienen al caso, conocíamos a muchas chicas, muchos grupos de chicas, porque eran lanzados y les entraban a todas, con unos porcentajes de éxito elevados. Los más cortados éramos nosotros, en minoría casi siempre, y no llamaba la atención nuestra escasa iniciativa pero los únicos que conseguían “resultados tangibles” eran ellos. Una de tantas tardes pasamos un rato con unas chicas y a mí me gustó una de las chicas y mi táctica, infalible para el fracaso, fue mirarla tímidamente de reojo y ponerme nervioso, sólo necesitaba un par de milenios para conquistarla. Como aquello duro un par de horas escaso a partir de ahí me limite a verla pasar con sus amigas y (¡I nearly Die¡) una vez con un ligue. Así que me quedaba el alcohol, un cobarde refugio para cobardes y gallinas o, tal vez, la espoleta necesaria para una primera explosión. Hice varios intentos, a cual más descabellado, en especial una vez, recuerdo que llevaba mi guitarra dentro de su funda, en que le pedí un cigarro, no se me ocurrió otra cosa, con uno recién encendido en la boca y un paquete lleno en el bolsillo. ¡Patético¡
Una de tantas veces que la vi pasar por la calle Gobernador Viejo, y ese día no había bebido, estaba tocando la guitarra, sentado en una especie de poyato al lado de un entrada de garaje que estaba enfrente de las oficinas de la Saltuv. La guitarra era una española bastante mala propiedad de un pub, Rincón Latino, siempre había alguien, esos que sabían ligar pero no tocaban la guitarra, que la pedía para que yo tocase. La temperatura en mi interior rebasaba los cien grados. Así que, como en las escasas palabras que habíamos cruzado me había dicho que tocaba algo la guitarra y le gustaban The Beatles, salí corriendo detrás de ella y con el absurdo argumento, especialmente para alguien que se acerca a la carrera, de que me enseñase los acordes de una canción, me puse a hablar con ella. Intenté desplegar todo lo que mi humilde persona pudiera tener de seductor o interesante, lo cual puede que no fuese gran cosa, pero comencé a sentirme bien porque lo estaba intentando. Siempre he tenido presente las palabras de Churchill: “Lo malo no es fracasar, lo malo es no intentarlo”. ¡Qué asco tener memoria¡ Como me gustaría no recordar apenas nada pero en fin, como decían en aquel programa: "y hasta aquí puedo leer".

Se suponía que Paco y yo queríamos montar un grupo pero costaba mucho intentar montar alguna canción con él, ensayo y Paco son dos palabras que no se llevan demasiado bien. Basándome en un viajecillo que hicimos un año antes, yo había hecho una canción que se llamaba “Colgado en la estación” y la interpretaba al primero que se pusiese por delante, tenía algún tema más pero no empezamos en serio hasta que pasó el verano. Casi siempre iba con la guitarra, en esto no he cambiado mucho, sólo que a veces veo más conveniente no hacerlo y, aún así, muchas veces la sigo llevando. En general, no sé en qué he madurado, me sigue gustando lo mismo que hace treinta años. Así que una tarde cualquiera, leo un rato, toco un poco la guitarra y después me voy a dar una vuelta con la moto, tenía razón la cuñada del Ratón, los hombres maduramos hasta los ocho años.

jueves, 24 de julio de 2008

Paco Beat







Hace veinte años que conozco a Paco y dieciocho que tocamos juntos, es mucho tiempo. Cuando algo dura mucho por algo será. Compartimos el gusto por el Rock'n'Roll, la música instrumental, el pop de lo sesenta, The Beatles, las guitarras y amplificadores vintage, los vehículos clásicos o la historia de la Segunda Guerra Mundial pero por encima de todo está el placer de tocar juntos y escucharnos mutuamente. ¿Con quien puedes hablar de temas como qué válvula de previo gastaba el Vox AC-30 si no es con él? Pasó su etapa de criador de Bonsais y ciclista montañero pero sigue siendo coleccionista, lo lleva en la sangre. Una vez nos comentaron que el batería, tocaba Paco, era muy bueno y cuando les respondí que realmente era el guitarra rítmica y se había sentado a los tambores porque el batería no llegaba a tiempo... se quedaron tirados, creo que fue en Cartagena, con Los Relevos. Hemos pasado juntos por muchas situaciones y también hemos reido juntos, tiene algunas salidas que te tiran de espaldas. Hace años recuerdo comentar con él algo que contaba Robert Graves, sobre un par de soldados de la Gran Guerra que habían muerto clavándose mutuamente sus bayonetas y así habían quedado. En el plano ideológico así estamos nosotros, en la Guerra Civil hubieramos luchado cada uno desde su trinchera y sin embargo... ahí estamos, como una demostración práctica de que las personas pueden llevarse bien respetando las opiniones del que tienen enfrente.

Pensando en mis amigos, el Ratón, Pacobeat o Bandido, me vienen a la memoria las palabras de una canción popularizada por Louis Armstrong:
I see friends shaking hands
saying: how do you do
They're really saying: I love you.

miércoles, 23 de julio de 2008

1981 (1ª parte)



Me compré un amplificador y una horrible pastilla para la acústica. Era un muerto enorme, de 120 vatios construido por un alguien de forma artesanal, tenía dos twiter, una trompeta y un altavoz de 15, por lo menos, y estaba pintado de negro, yo le llamaba Edgar (dicen que Poe iba siempre, en su última época, vestido de negro). Solía enchufarlo para tocar con el tocadiscos, sacaba feedback enseguida, claro. Punteaba por encima de los discos pero no intentaba sacar lo que tocaban sino hacer algo por mi cuenta. Pensé que debía tocar con alguien y comenzó la búsqueda, fue una serie de personajes peculiares, como mínimo, aunque quizás ellos pensaran lo mismo de mí. No sé si vale la pena relacionar la gente que conocí pero eran una extraña colección de freaks, colgados y gente con la que no conecté en general, algunos eran válidos pero no para lo que yo quería hacer. Encontrar gente para un grupo es casi como buscar novia. Recuerdo que un día vi a un par de antiguos compañeros de formación profesional y, no recuerdo bien cómo, bajé la guitarra y les toque algo, ellos también hacían sus pinitos, y se quedaron tirados, creo que es la vez que más he disfrutado con esto de las seis cuerdas. Yo me sentía mal en clase y delante de aquellos dos empollones me sentí bien, supongo que es un consuelo tonto, pero fue así. Trabajando allí disfruté de las únicas vacaciones pagadas de mi vida, creo que en el mes de julio, mis padres se fueron a un apartamento en Cullera que les dejó mi tía Encarna y tuve la casa sólo para mí. Esto no era normal, vino Juan y estuvimos escuchando a The Kinks, mientras nos fumábamos unos cigarrilos y charlábamos y me sentí muy a gusto.
En julio conseguí, por fin, un LP con 20 canciones de Buddy Holly, era muy complicado , y lo escuché un millón de veces. Para mí era más moderno que la nueva ola. Buscando por ahí encontré también un badge del mismo, nosotros decíamos “chapita”, muchos me preguntaban si era yo. Estaban contentos conmigo en el trabajo y de pronto estalló la crisis del aceite de colza, la marca de la empresa comercializaba conservas, así que la faena bajó mucho. Buscando qué hacer con aquello se dieron cuenta que se había acabado mi contrato 23 días antes, me propusieron despedirme y readmitir me cuando hubiese más trabajo. Todos los planes que había hecho pensando que continuaría trabajando cayeron como un castillo de naipes. Ya me veía con moto, con guitarra eléctrica y cosas así pero de ahí pasé a visitar la oficina de empleo. Desde entonces el fin del verano siempre me pareció una porquería y perdí el gusto por hacer planes, decidí improvisar y aún así todavía recibí muchos batacazos.
Vi un cartel anunciando un concierto como “Maximun Rock’n’Roll”, luego me di cuenta que fusilaron el nombre a The Who, era una especie de festival donde tocaban todos los grupos de por aquí que estaban teniendo repercusión. Fue el 25 de septiembre de 1981, convencí a Rafa y Juan y nos fuimos, lo hicieron en Tropical-Casablanca, en la playa. El grupo que más me gusto, con diferencia, fueron Los Auténticos, hacían power-pop, con muchas voces, ritmo y melodía. El bajista era Morcillo, con un pantalón blanco y una camiseta rosa y completamente calvo llamaba la atención. Miguel Ángel Villanueva era el guitarra rítmica y voz, si entonces me hubieran dicho que acabaría tocando con ellos no me lo hubiese creído. Estábamos en la valla esperando para entrar e hicieron, estaban probando el equipo, “Hoy La Luna Brilla Más” y ya me predispuso para con el grupo. El resto de la noche fue un desfile de grupos modernos con mucha pose estética y un más que digno grupo de Heavy Metal de Mislata, Zarpa, que lo hicieron muy bien pero no es mi estilo. No teníamos como volver a casa, nuestra idea era volver andando, pero allí conocimos a un chaval más mayor que nosotros y nos acercó bastante con su seiscientos.
Siempre íbamos juntos Juan y yo, el Ratón Cabrón salía menos, siempre estaba estudiando, y cuando lo hacía quería comerse el mundo en una tarde. Tenía un speed increíble y nos metía caña a base de bien, ya era muy "ratón cabrón" por entonces. Para tomarnos la revancha, nos inventábamos pequeñas historias, como que habíamos quedado con unas chiconas facilonas y él nos metía prisa por llegar. Luego era mentira, claro, no nos comíamos un rosca.
Teníamos, mis amigos y yo, sobre los 17 años y la sensación de que teníamos que conocer gente nueva, chicas claro, y empezamos a ir por lo que llamaban Tascas, una zona detrás de la calle de la Paz donde había pubs y mucho ambiente en la calle, allí cogimos la primera borrachera unos meses antes, como siempre muy cortos de pasta. Nos introdujo un compañero de Juan, estudiaba electricidad con él, que se llamaba Pepe. No tiene nada que ver con todo esto pero recuerdo que junto al bar Puebla había un cartel, una fotocopia pegada con celo en una farola, que anunciaba reparaciones de fontanería y “elextrisidá”, me partía leyéndolo.

martes, 22 de julio de 2008

Los reportes de Serch


Todavía me duele el estómago de lo que me he reído leyendo el último reporte de Serch. Fue otra de nuestras salidas, llenas de risas, regadas con algo, tampoco penséis que tanto, de alcohol. A propósito de todo esto, alguien nos dijo que nos pitorreábamos de la gente y no creo que sea eso. Lo que yo le contesté en aquella ocasión es que los sábados por la noche son como un zoológico. Vas de pub en pub y puedes ver gente muy diversa. Nosotros somos, por ejemplo, dos rinocerontes y nos hace gracia ver las jirafas, con sus largos cuellos y sus manchas y también nos llaman la atención los camellos rumiando debajo de sus jorobas o los leones durmiendo la mayor parte del caluroso día. Pero, seguramente, igual les pasa a las jirafas, camellos o leones, que nos ven demasiado corpulentos, de escasa vista y con dos cuernos. Hacemos como caricaturas de algunos personajes y nos reímos pero sin malicia, la verdad es que algunos resultan entrañables e incluso admirables, como "el hombre de la multitud", un sujeto que le entra cada noche a 125 mujeres y que no liga con ninguna... pero al sábado siguiente vuelve a la carga. La mayor parte de la diversión corresponde a cuando no sabemos expresarnos bien por los gintónics, se nos caen las copas o nos caemos nosotros. Espero que se entienda. Aprovecho para darle las gracias al Bandido por esos ratos de risa constante, que tanto ayudan a sobrellevar los rutinarios problemas de la vida.

lunes, 21 de julio de 2008

Dido


Es lo más bonito que he visto en mi vida y lo que más quiero también. Si los hijos son mensajes que enviamos al futuro, ¡qué mensaje tan bonito es éste¡. Es mi hija y no soy imparcial, no podría serlo aunque me quemaran las orejas con un soplete pero es que tampoco quiero.

Cuando empezó a andar, lo hizo casi al año y medio porque no quería caerse y de hecho nunca lo hizo, yo estaba sentando en el sofá y se acercó. Mientras me miraba a los ojos, cogió el dorso de mi mano y se la puso en su mejilla durante un rato. Me estaba diciendo "te quiero" sin hablar. Fueron los dos minutos más bonitos de mi vida.

Sobre mi hija no puedo decir, como en tantas otras cosas, aquello de: "jugaron como nunca y perdieron como siempre", ha sido lo mejor que me ha pasado jamás.

domingo, 20 de julio de 2008

1980



Lo primero que hice, con el primer sueldo, fue comprarme el Blonde on Blonde de Bob Dylan en cinta doble, además estaba cada vez más decidido, quería una guitarra. También pude convencer a mis padres de que comprasen un tocadiscos, exactamente giradiscos, amplificador y bafles. Me había ido comprando muchos singles y Lp,s de vinilo esperando ese momento. El primero fue el primer disco de The Byrds, donde estaba Mr. Tambourine Man, bastante antes de tener para poder escucharlo en casa. Vino un tipo y lo instaló, me pidió un disco para probarlo y yo lo tenía preparado desde hacía meses, la Rickenbacker de 12 cuerdas de McCguin sonó impresionante en mi habitación y me sentí bien. Por supuesto el técnico, o lo que fuera, comentó que era un disco muy viejo y que Supertramp sonaría mucho mejor, no quise escucharlo, nada me iba a amargar el momento. Esperaba la guitarra con impaciencia pero fue mi madre quien fue y la compró. Llegué de trabajar y estaba encima de mi cama, envuelto el cuerpo en un papel, se podía ver el mástil y la pala. Yo había pensando comprarme una tipo Martin D-28 y aquella era una imitación de Gibson J-200, todo esto lo ignoraba en aquel momento, y no me gustó. Quería una como la de Dylan, más tarde me compré el Nashville skyline y pude ver a Bob sonriendo con una J-200 en la mano. Bueno, pues me fui a la tienda dispuesto a cambiarla, pero no lo hice, me gustaba más la que ya tenía que las que quedaban. Con los años le cambie las clavijas y, cuatro lustros más tarde, los trastes. Para mí era como un sueño tener una guitarra, me parecía que me convertía en alguien especial y estaba convencido que aprendería a tocar yo solo y además bien. No tenía ni la más remota idea, sólo me falto soplar a ver si sonaba, pero me pasaba horas con ella colgada, intentaba poner algunos acordes que tenía en un fancine de los Beatles, recuerdo que era Revolution en Do (está en La). Todo esto con la guitarra completamente desafinada. Un vecino, el nieto de la señora María, intentó afinarla y me rompió una cuerda, me hace gracia lo convencido que estaba en que poco a poco aprendería a tocar bien. Pensaba, con más razón que un santo, que necesitaba una cierta orientación y tomé cuatro o cinco clases, miré un anuncio en el Trajín, iba en el 3 hasta Nazaret para lo cual me compré una funda marrón de plástico horrible , son las únicas clases que he recibido en mi vida. Entre pagar el autobús de ida y vuelta y la clase me gastaba casi toda mi asignación semanal, por eso sólo fui cuatro o cinco veces. Aquello cambió para bien, ya afinada, y con algunas nociones me zambullí de lleno en la música. Era un poco burro, la verdad, tenía menos oído que una tapia pero tenía un tesón digno, quizás, de mejor causa. Las primeras canciones que aprendí a tocar fueron "all shook up" y "twist and shout". Me habían hecho un contrato de seis meses y en septiembre volví al paro, a la sazón se cobraba bastante bien porque de seis meses trabajados cobré durante otros seis meses. No paraba de tocar. Recuerdo que en una librería tenían un libro sobre guitarras donde aparecían escalas e inversiones de acordes, entraba memorizaba unas cuantas cosas, salía a la calle y las apuntaba en un papel, volvía a entrar y a memorizar. No tenía un duro y me buscaba la vida. Me compré algunos libros con canciones de Dylan y Beatles, siempre con los temas en tonos distintos de los discos y además faltaban partes pero era una orientación. Practicaba sin cesar, miraba la tele tocando la guitarra (enmudecía las cuerdas con un pañuelo para no molestar) y así todo. También intentaba hacer canciones propias y aquí es donde entraba el Ratón Cabrón con su "lo importante es que lo desarrolles bien". Cuando estaba contento tenía muchas ganas de tocar y cuando estaba triste me consolaba con la guitarra. He desarrollado, creo yo, el oído con el tiempo porque la verdad es que lo tenía bastante torpe.
Una mañana de diciembre de 1980 me fui a Oldies, estaba detrás de hacienda, a echar un vistazo a los singles que me encantaba comprar. Cuando volví mi madre estaba sentada cosiendo y me dijo que habían matado a John Lennon, lo había dicho la radio, le contesté con un: “no digas tonterías, ¿quién va a matar a Lennon?” pero se reafirmó. Le dije que sólo podía haber sido un loco, luego me enteré que realmente fue así. Me dio bastante pena, acaba de sacar un disco y para mí era como una pequeña victoria, resulta que yo iba buscando cosas por algunas tiendas y un dependiente me dijo que estaba acabado, como era prudente, me callé pero ese LP tenía buenas canciones. Un locutor, al que años posteriormente conocí personalmente y que ascendió mucho, que se llamaba Luis Merino, lo puso y escuchar la voz de Lennon después de muchos años sin grabar me emocionó. Tras el asesinato, todas las radios no paraban de poner... ¡temas de McCartney¡ como “Yesterday” o “Hey Jude”, en la prensa escrita todos se dedicaron a escribir que él era el genio de Los Beatles, si hubiese sido Paul el muerto, habrían dicho justo lo contrario. En resumen, me di cuenta de que no tenían la más remota idea de lo que escribían y que aprovechaban lo que fuese para vender periódicos o que su emisora se escuchase más y que la gente saber, saber, sabe poco. Cuando no controlas el tema te pueden engañar pero cuando realmente conoces algo te das cuenta de que hablan sin saber.

martes, 15 de julio de 2008

Santiago Penagos - Carretera 63

Santiago Penagos - Carretera 63
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Santiago Penagos - Carretera 63.
Una vieja canción que hice para Los Cuervos, grabada por mí en un multipistas de K7.

viernes, 11 de julio de 2008

Nou Moles


El sarampión me dejó una secuela, el estrabismo. Desde bien pequeño llevé gafas, incluyendo en el lote, una temporada sólo, uno de los ojos tapado con una especie de ventosa de goma para que el ojo más vago trabajase. Odiaba las gafas, tenían la manía de ensuciarse y, lo que es peor, de romperse. Las únicas gafas que me gustaban eran las metálicas con las que te graduaban la vista, mirabas el panel de las letras y te iban cambiando los lentes, parecían las gafas de un superhéroe. Todavía recuerdo las horas de espera para las consultas con un oftalmólogo que tenía fama de ser muy bueno. En cuanto tenías el menor roce con cualquier nano te salía con lo de “cuatro ojos” y ya estaba montada la pelea. Odiaba las gafas aunque me corregían el estrabismo y por lo menos no me llamaban bizco. Por mucho que lo he intentado nunca he visto una finca más fea que donde vivíamos, en Salvador Ferrandis Luna. Bueno, por lo menos se puede decir que era funcional. Teníamos portera, se llamaba Bonifacia, casi todos los patios tenían aunque fueran humildes, un día nos vio bajar a mi hermana mayor y a mí de la mano y nos preguntó donde íbamos. "Vamos a casa de la yaya porque mi madre se está muriendo" dije yo, la pobre mujer llamó enseguida a casa y mi madre se echo a reír, nos había dicho que nos fuéramos a casa de la yaya que la estábamos matando. Tres patios más para allá, la madre de la portera era una pobre anciana que sufría de bocio y tenía un bulto exagerado bajo la barbilla, la mirábamos furtivamente porque nos daba miedo, pobre mujer. Por aquel entonces aún se veían esas cosas, consecuencias de los años de penurias, mala alimentación y poca atención médica. Creo que era en la calle Goya donde había una vaquería, ibas con tu lechera y ordeñaban las vacas allí mismo. Había tiendas de ultramarinos que fíaban, bodegas de vino a granel, cines de reestreno y muchos otros negocios así que ya no existen. En la calle había cuatro coches, el padre de familia que tenía un 850 o un Gordini lo limpiaba orgulloso como símbolo de su status. Si te apoyabas en el coche se oía una voz desde una ventana que te ordenaba separarte del vehículo. En la esquina con la calle Almoines se formaban unos charcos tremendos, las calles del barrio no estaban asfaltadas, una vez un coche se quedó atascado y el cura de la parroquia que estaba justo allí fue a una manguera y entre varios hombres lo sacaron. Muchos años después leí que Ricard María Carles había sido el párroco de aquella iglesia a finales de los sesenta y pensé que quizás fue él la persona que vi sacar la manguera. No tiene mucha importancia que digamos pero lo pensé. Antes de que construyeran el túnel de la avenida de Pérez Galdós la vida del barrio se orientaba hacia Calixto III, a partir de la actual plaza de Arturo Piera eran campos de alfalfa o maíz, de hecho la plaza no existía. Todavía pasaban pastores con rebaños de ovejas y cabras, haciendo sonar los cencerros, por los descampados del barrio. Había líneas de alta tensión, acequias descubiertas, vertederos de escombro incontrolados, campos de naranjos o de cultivo, edificios que dejaban sin terminar, convivíamos con todo eso. Al otro lado de la avenida era una ciudad de verdad. Poco a poco dejaron de cultivar la tierra en la huerta que rodeaba al barrio, todos aquellos campos se convirtieron en solares donde la gente arrojaba los escombros de las reformas y, con diferentes intervalos de tiempo, después en fincas. Solíamos jugar por los solares a “tellas” y cosas así, crecían muchas ortigas y con cualquier madera jugabas a que era una espada y tú ibas decapitando enemigos como un gran caballero, la flor que coronaba la planta hacía de cabeza, claro. Tenía su peligro porque son urticantes y después te picaban las piernas un montón, de modo que había que hacerlo con cuidado de no emocionarse. Otro juego que solíamos llamar “El rey de la montaña” era subirse a un montón de arena, en cualquier obra había uno, e intentar mantener la posición contra todos los demás. Si caías rodando no te pasaba nada pero cada día había menos arena en el montón, los niños se la llevaban en los zapatos y en los bolsillos y luego tu madre te preguntaba que donde te habías metido. En las fincas a medio construir también se podía jugar y hacer trastadas, con o sin vigilante, uno era jugar a que no te pillase. Todavía hoy en día pienso en que era demasiado arriesgado subir y bajar corriendo por aquellas escaleras sin barandilla. De todo sacábamos un juego aunque supongo que los obreros se acordarían, al día siguiente, de toda nuestra familia. Como solía haber toneles con agua lanzábamos piedras y otras tonterías por el estilo.
A propósito de esto (¿cómo no?), escribí una canción que se llamaba Todavía sin nombre. Entre otras cosas, hablaba de ese progreso que convivía con restos de la vida anterior y esos cambios, del recuerdo de un mundo que ya no existe pero la escribí muy joven y no termino de entender porqué.