V i S i T a S

domingo, 20 de julio de 2008

1980



Lo primero que hice, con el primer sueldo, fue comprarme el Blonde on Blonde de Bob Dylan en cinta doble, además estaba cada vez más decidido, quería una guitarra. También pude convencer a mis padres de que comprasen un tocadiscos, exactamente giradiscos, amplificador y bafles. Me había ido comprando muchos singles y Lp,s de vinilo esperando ese momento. El primero fue el primer disco de The Byrds, donde estaba Mr. Tambourine Man, bastante antes de tener para poder escucharlo en casa. Vino un tipo y lo instaló, me pidió un disco para probarlo y yo lo tenía preparado desde hacía meses, la Rickenbacker de 12 cuerdas de McCguin sonó impresionante en mi habitación y me sentí bien. Por supuesto el técnico, o lo que fuera, comentó que era un disco muy viejo y que Supertramp sonaría mucho mejor, no quise escucharlo, nada me iba a amargar el momento. Esperaba la guitarra con impaciencia pero fue mi madre quien fue y la compró. Llegué de trabajar y estaba encima de mi cama, envuelto el cuerpo en un papel, se podía ver el mástil y la pala. Yo había pensando comprarme una tipo Martin D-28 y aquella era una imitación de Gibson J-200, todo esto lo ignoraba en aquel momento, y no me gustó. Quería una como la de Dylan, más tarde me compré el Nashville skyline y pude ver a Bob sonriendo con una J-200 en la mano. Bueno, pues me fui a la tienda dispuesto a cambiarla, pero no lo hice, me gustaba más la que ya tenía que las que quedaban. Con los años le cambie las clavijas y, cuatro lustros más tarde, los trastes. Para mí era como un sueño tener una guitarra, me parecía que me convertía en alguien especial y estaba convencido que aprendería a tocar yo solo y además bien. No tenía ni la más remota idea, sólo me falto soplar a ver si sonaba, pero me pasaba horas con ella colgada, intentaba poner algunos acordes que tenía en un fancine de los Beatles, recuerdo que era Revolution en Do (está en La). Todo esto con la guitarra completamente desafinada. Un vecino, el nieto de la señora María, intentó afinarla y me rompió una cuerda, me hace gracia lo convencido que estaba en que poco a poco aprendería a tocar bien. Pensaba, con más razón que un santo, que necesitaba una cierta orientación y tomé cuatro o cinco clases, miré un anuncio en el Trajín, iba en el 3 hasta Nazaret para lo cual me compré una funda marrón de plástico horrible , son las únicas clases que he recibido en mi vida. Entre pagar el autobús de ida y vuelta y la clase me gastaba casi toda mi asignación semanal, por eso sólo fui cuatro o cinco veces. Aquello cambió para bien, ya afinada, y con algunas nociones me zambullí de lleno en la música. Era un poco burro, la verdad, tenía menos oído que una tapia pero tenía un tesón digno, quizás, de mejor causa. Las primeras canciones que aprendí a tocar fueron "all shook up" y "twist and shout". Me habían hecho un contrato de seis meses y en septiembre volví al paro, a la sazón se cobraba bastante bien porque de seis meses trabajados cobré durante otros seis meses. No paraba de tocar. Recuerdo que en una librería tenían un libro sobre guitarras donde aparecían escalas e inversiones de acordes, entraba memorizaba unas cuantas cosas, salía a la calle y las apuntaba en un papel, volvía a entrar y a memorizar. No tenía un duro y me buscaba la vida. Me compré algunos libros con canciones de Dylan y Beatles, siempre con los temas en tonos distintos de los discos y además faltaban partes pero era una orientación. Practicaba sin cesar, miraba la tele tocando la guitarra (enmudecía las cuerdas con un pañuelo para no molestar) y así todo. También intentaba hacer canciones propias y aquí es donde entraba el Ratón Cabrón con su "lo importante es que lo desarrolles bien". Cuando estaba contento tenía muchas ganas de tocar y cuando estaba triste me consolaba con la guitarra. He desarrollado, creo yo, el oído con el tiempo porque la verdad es que lo tenía bastante torpe.
Una mañana de diciembre de 1980 me fui a Oldies, estaba detrás de hacienda, a echar un vistazo a los singles que me encantaba comprar. Cuando volví mi madre estaba sentada cosiendo y me dijo que habían matado a John Lennon, lo había dicho la radio, le contesté con un: “no digas tonterías, ¿quién va a matar a Lennon?” pero se reafirmó. Le dije que sólo podía haber sido un loco, luego me enteré que realmente fue así. Me dio bastante pena, acaba de sacar un disco y para mí era como una pequeña victoria, resulta que yo iba buscando cosas por algunas tiendas y un dependiente me dijo que estaba acabado, como era prudente, me callé pero ese LP tenía buenas canciones. Un locutor, al que años posteriormente conocí personalmente y que ascendió mucho, que se llamaba Luis Merino, lo puso y escuchar la voz de Lennon después de muchos años sin grabar me emocionó. Tras el asesinato, todas las radios no paraban de poner... ¡temas de McCartney¡ como “Yesterday” o “Hey Jude”, en la prensa escrita todos se dedicaron a escribir que él era el genio de Los Beatles, si hubiese sido Paul el muerto, habrían dicho justo lo contrario. En resumen, me di cuenta de que no tenían la más remota idea de lo que escribían y que aprovechaban lo que fuese para vender periódicos o que su emisora se escuchase más y que la gente saber, saber, sabe poco. Cuando no controlas el tema te pueden engañar pero cuando realmente conoces algo te das cuenta de que hablan sin saber.

3 comentarios:

Juggend Adler dijo...

Mis principios se parecen,algun dia los contare.Sigue escribiendo que ya sabes que por lo menos una persona los lee...Deberia de ser un alago pues ya sabes lo poco que me gusta leer..

Anónimo dijo...

Tio, ya somos dos los que te leen y te hacen un comentario porque creo que hay mucho tímido ó tímida por ahí.Sólo puedo decir que todo es verdad porque yo estuve allí. Ratón Cabrón

Cuchillo dijo...

Sois una pareja de cracks, me alegra que os guste leer mi blog, os mando un abrazo a ambos dos, viejos compañeros de fatigas y risas.
Digo lo de viejos por los años que nos conocemos, que son muchos...