V i S i T a S

martes, 31 de julio de 2012

Vichy Catalán

No es porque salga en la inmortal Casablanca, aunque sea representado a un gobierno colaboricionista, es que me encanta desde niño. Ayer cociné durante un rato y prometí no volver a hacerlo hasta que pasen los calores. Sentado a la mesa casi me bebí la botella entera.  En algunos pubs he pedido agua de Vichy y me han mirado igual que miraban a Carlitos Higón cuando, a principios de los ochenta, preguntaba por Mirinda de sandía. El alcohol tiene su peligroso encanto, pero los años pasan, cada vez bebo menos, es que me aburre ya.  A ver si pasa esta racha de cosas malas, la última el susto de mi hermana con la moto, que esperamos que no pase de ahí, un sustico y un recuerdo digno de olvidar. Las cosas que han pasado últimamente me recuerda una conversación telefónica que tuve con un comercial de seguros que llevaba mis asuntos hace años, cuando mi hija era pequeña. Un buen tipo con una gran voz y un sonoro nombre de emperador, Constantino. Me llamó para preguntarme algo y me dijo qué tal me iba todo. "Buf -respondí  yo- todo va tan bien que me da miedo". 

martes, 17 de julio de 2012

Te vamos a echar mucho de menos

Dicen que los fallecidos sólo están realmente muertos cuando son olvidados, así que seguirá vivo para las personas que le quisieron. Aunque su familia procedía de Cantabria, Santiago Penagos Gómez nació en Madrid en 1931, el año en que se proclamó la segunda república. Tenía cinco años cuando comenzó la guerra civil.  Recordaba ir de la mano de su madre mientras las bombas de los sitiadores caían sobre la capital. Mientras su padre y sus dos hermanos mayores luchaban por la república, su madre iba con los pequeños huyendo del avance del enemigo. Se quedaron bloqueados en Ulldecona y pasaron días sin nada que llevarse a la boca. Un camión pasó por allí lleno de naranjas y él comió tantas y tan rápido que enfermó.  Las vicisitudes de la vida llevaron a su familia a Hellín (Albacete) y allí vivió durante la posguerra.  Eran años difíciles y tuvo que comenzar a trabajar con once años, le ponían un cajón para poder atender a los clientes del bar, ya que no era muy alto. Le gustaba mucho el cine y era presumido, así que madrugaba para peinarse y los ratos libres salía de un cine y de ahí pasaba a otro.  En 1953 conoció a Mercedes Alfaro y se hicieron novios, se casaron en 1959 ya en Valencia. Siempre fue muy trabajador, un hombre sencillo que no guardaba nada para él, sólo preocupado por el bienestar de su familia.  Era, en el buen sentido de la palabra, bueno. Escribía con una caligrafía preciosa y precisa, era ordenado y celoso de sus cosas.  Tuvieron tres hijos y fue un buen padre para ellos, predicando con el ejemplo más que con las palabras. No era hombre de hablar mucho pero tenía detalles que se recuerdan con cariño, como pasar la plancha sobre las sábanas, en invierno, para proporcionar a sus hijos una agradable sensación de calor.  Les enseñó a respetar a los animales, dar besos de mariposa y que si ponías la suficiente atención, podías hacer casi cualquier cosa.  Siempre dispuesto a ayudar con su trabajo, sin pedir nada a cambio. Era una persona temerosa de Dios y que intentó vivir de acuerdo con el código ético cristiano.


Santiago Penagos ha fallecido cuando le faltaba poco para cumplir 81 años y nunca estuvo enfermo hasta hace unos pocos meses.  Rodeado de su familia, después de vivir una vida completa, se marchó con el cariño de sus seres queridos que jamás podrán olvidarle.

lunes, 2 de julio de 2012

Un Manto De Ceniza


El nuevo mes de julio llega con subidas en la electricidad, gas, medicamentos y no sé cuantas cosas más. Subirán el IVA también pero la gente está contenta por el fútbol, felices por olvidarse de sus problemas durante un rato y hacer ruido como una orquesta desafinada de música concreta después de haber consumido sustancias psicotrópicas.

Un manto de ceniza cae sobre Valencia en un sábado triste.  Tonteando por Facebook me encuentro con el RaTón que me propone tomar algo y hablar un rato. Quedamos y charlamos largo y tentido pero el cansancio que siempre va conmigo me hizo volver directo a casa, donde pasé la noche en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Mirando al techo con la luz apagada, vamos, con los ojos abiertos pero sin ver nada.