V i S i T a S

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Bajo el Montgó


Fui feliz, todas las tristezas se colaron por el fregadero, sin decir adiós. Me dieron ganas hasta de escribir canciones, pero acabamos comprando piezas de fontanería. El sol brillaba para nosotros, una lavandera me miró y echó a volar como si supiera donde iba. Una llamada inoportuna retraso un pequeño encuentro, en un mundo lleno de problemas, como siempre ha sido el mundo desde el principio de los tiempos, pero nada parecía poder evitar que nos encontrásemos. Si escribo sobre las tristezas que me atenazan en ocasiones, ¿por qué no iba a escribir cuando me siento bien? No sería justo. El Montgó está precioso en esta época del año, como París o Florencia, lo miré no ya como una madre, sino como un viejo amigo prudente y esforzado. Hice una tortilla de patatas sin sal, pintamos una habitación de blanco, visité un local donde hablé con una encargada cuyo nombre rima con Lambretta, nos tomamos algo en el jardín del pulpo y volví a Valencia con el corazón en el asiento del copiloto. Me decía él que el fin de semana le había sentado muy bien y yo no veía la forma de contradecirlo. 

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