V i S i T a S

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Historia De Un Pato

Hará como 25 años, fui con mi pareja al hipermercado, al principio íbamos una vez a la semana con el coche pero lo dejamos pronto para acudir al supermercado y las tiendas del barrio, y después de pagar solía pasarme por la tienda de animales. Incluso cuando no compraba nada me gusta echar un vistazo. Tenían allí una pequeña bandada de patitos a un precio muy bajo. Era una locura pero me compré uno, volví a casa casi emocionado y lo instalé en una jaula grande y baja que tenía en desuso, por aquel entonces criaba periquitos en una habitación que era medio trastero, medio criadero. Pronto descubrí que la sandia le gustaba hasta un punto de locura, era verla y se ponía histérico y no cesaba en su afán hasta que no acababa con ella. Al principio llenaba el bidé y allí nadaba como si fuera un lago Victoria disminuido, resultaba muy simpático, agradecido, te seguía a cualquier sitio y se iba haciendo mayor. Cogí el hábito de subirlo al terrado a tomar un poco el aire. Una tarde coincidí allí arriba con un vecino y su perro cazador, el pato Lucas no se inmutó, se plantó delante del perro y le propinó un picotazo en el morro, el perrete huyó atemorizado. Vaya cazador que me he agenciado, dijo el vecino. Seguí creciendo y ya no cabía en la jaula y la solución primera fue ubicarlo en otro sitio para dormir, pero seguía creciendo.  Así que se lo regalé a una tía mía que tenía un chalet y bastantes animales, me dolió y eché de menos verlo comerse la sandía. Me dijeron que acabó en la paella y que salió buenísima. Pobret. 
Si fueran capaces de defecar en un sitio concreto, me parece que son de los animales más graciosos y cariñosos para hacerte compañía. Quien sabe, igual algún día puedo tener otro pato. 

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