V i S i T a S

miércoles, 9 de noviembre de 2011

San Martín y San Jaime


Antes de comenzar las aventuras nocturnas los fines de semana pero cuando ya no éramos tan críos como para jugar, justo en la edad que tiene mi hija ahora, sobre los catorce o quince años, cogimos la costumbre de dar unos grandes paseos por el centro. Eran unas caminatas de horas en que partiendo de nuestro barrio de Nou Moles, dábamos una vuelta por el centro histórico de la ciudad y volvíamos a casa a la hora de comer con las piernas ejercitadas y el apetito a punto para la paella. Sin llegar a ningún tipo de acuerdo en el itinerario, o quizás fue algo tácito, siempre hacíamos el mismo circuito que incluía el rastro de Valencia, en aquellos días en la plaza de Nápoles y Sicilia, un helado de dos sabores en un gran cucurucho a un precio muy bueno en la calle del palacio de los Borgia y alguna parada para contemplar exhibiciones de vuelo a escala en el río. Las torres de Quart eran como una parte del comienzo y las de Serrans del final y las mirábamos como testimonio de asedios y gestas de otros tiempos. Una vuelta por la Lonja, y seguíamos paseando por la calle san Vicente, entrábamos y salíamos de la plaza redonda, para llegar a la plaza de la Reina, de ahí por la calle del Micalet, a la de la Virgen y, previo helado obligatorio, llegar al río para dar la vuelta y volver a casa por el paseo de la Petxina. Andar era barato y la ciudad tenía cosas que ver, había, y sigue habiendo, mucho ambiente en el centro los domingos por la mañana. Éramos Rafa, Juan, Vicente y yo, cuatro chavales con toda la vida por delante.
Bueno, menudo prólogo para comentar que siempre me fijaba en una estatua que estaba en la calle San Vicente, cruzábamos para beber agua en la fuente y siempre dedicaba unos segundos a aquella obra de arte. Estaba en la iglesia de San Martín y era otra rutina más mirarla un poco y luego visitar la fuente, acercando la boca abierta a uno de los tres chorritos permanentes, hoy en día con botón de grifería. Años después viendo una película llamada "Los señores del acero" en la que contaban la historia de ese soldado romano que acabó de obispo, me acordé de la estatua y comprendí lo que significaba. El sábado por la noche, no podía dormir y eso me vino a la mente. ¿Será por la crisis y el acto de compartir? No tengo ni idea. Acababa de llegar de ver a Jaime Urrutia en La Edad De Oro, a donde fui con Mr. Seguí. Dudó un poco el bueno de Paco y se quedó sin la foto que quería hacerse con él pero estaba allí como uno más. El concierto, una especie de ensayo con público como pre-estreno de su último espectáculo, estuvo bien, sobre todo porque el repertorio era de primera calidad y el público entregado conocía todos los temas. Nos tomamos unas coronitas, charlamos con otros músicos y salimos a fumar a la calle, ambientazo que hay de fumadores en las aceras de los pubs últimamente. Un par de semanas atrás, es que he escrito poco este mes, salí a tocar allí con El Respetable, como invitado, pero no tengo ninguna foto. Tenía cosas que escribir estos días pero no encontraba las ganas en ninguna parte.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

buena entrada hermano ¡me has hecho averiguar la historia de San Martín y averiguar que se representa la entrega de la mitad de su capa a un mendigo , que parece ser representa a Jesucristo! De ahí viene vamos a "orar a la capilla" (la media capa depositada como reliquia en una urna para su adoración) más o menos eso ponia en la página donde lo consulté y así le soluciono la intriga a las personas que leen la entrada. Por cierto creo que la estatua es del renacimiento y parece ser que la han reemplazado por un réplica al descubrir no hace mucho su valor artístico. Bueno amigo aprovecho para enviarte un saludo. El Tio Rafa alias el ratón.

Cuchillo dijo...

¡Gracias Ratón¡