
Aunque a veces se me escape alguna cosa, uno se delata quiera o no, no me gusta escribir sobre política. No por nada, esto me imagino que lo leen cuatro gatos (¡Saludos amigos gatunos¡). Y mira que me dan ganas, unas ganas terribles, cuando leo cosas sobre Fabra, Educación para la ciudadanía, Camps, Leire Pajín, Pepiño Blanco, y bueno, ¿para qué seguir? Cada día cierro el periódico y me vendría al ordenador corriendo a escribir pero me retengo. Esta semana me ha sido imposible, ¿cómo no decir nada sobre Obama? Ha sido lo más emocionante de la política en unos cuantos años. Un afroamericano presidente de los EEUU, ¡por la gloria de mi abuela¡, si Booker T. Washington o Martin Luther King pudieran ver esto. Yo me emocioné, no puedo expresarlo de otra manera. Le deseo de todo corazón mucha suerte, la va a necesitar.
Esto me demuestra otra vez, que con todos sus defectos es un país admirable. Suelo decir que cuando pienso en los USA, me viene a la mente Edgar Allan Poe, Sam Cooke, John Steinbeck, Elvis Presley, John Houston, Orson Welles, John Ford, Isaac Asimov o Bob Dylan; el cementerio americano de Normandía y otras cosas. Por supuesto que si pienso en Hiroshima, J. Edgar Hoover, Irak y tantas cosas más, no me gustan nada pero creo que habría que juzgarlos de acuerdo a como se han comportando las otras naciones, no como sería ideal que se comportaran. Me pasa igual con cualquier nación, Francia me encanta por Victor Hugo, Charles Baudelaire o Brigitte Bardot si me acuerdo de lo que le pasó a Alfred Dreyfus, entonces, no me gusta tanto.

