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domingo, 11 de agosto de 2019

45 grados junto al mar



Hasta el amplificador dijo basta y se torró, la actuación muy bien pero el calor... a mí me mata, nunca lo he llevado bien, ni joven, ni viejo, ni gordo, ni flaco, ni nada, no es lo mío. Espero que sólo sea el fusible, encima no es mio, es de David, que tampoco hay ningún problema.  Quitando estas cosas del verano, sus olas de calor,  todo lo demás muy bien, todo el mundo muy contento, marco incomparable y todas esas cosas. Cenamos allí, el calor persistente, al lado del agua, en el puerto deportivo, las once pasadas y apenas el termómetro había bajado unos grados. Mi filetón se lo llevó el batería para sus gatos, no puedo con carne que suelte sangre, no cambio. Tocando bajo el Montgó, apenas lo miré un momento, lo justo para recordar que tengo un instrumental escrito que se llama Plutja al Montgó que algún día tendré que terminar y grabar. Justo en ese preciso momento, tonterías de la vida, recordé a, nadie se lo imaginaría: Montgomery Clift... soy un payaso.

viernes, 7 de junio de 2019

Xàbia bay blues

Al acabar la actuación me di cuenta de que no había ni una foto de recuerdo, del equipo al menos, y pedí que me hicieran una, aunque siempre prefiero las fotos con guitarra. Fue un jueves agradable, comiendo cous cous o cuscús o como se diga,  en el parque natural del Montgó, dando una clase de guitarra en semejante lugar, una maravillosa tarde primaveral con buena compañía. Bajé al hotel y toqué todas esas canciones del siglo XX, "estrené", digamos, unas cuantas por primera vez, pensando en el público, como All right now o Sweet Caroline,  temas que me piden y se ve que gustan pero me permití hacer una sólo para mí, porque me apetecía, San Francisco bay blues. Una pareja de irlandeses me dije que mi acento con el inglés era más que aceptable, buf, no me lo esperaba. Volví contento a casa, casi batí mi propio récord, respetando los límites de velocidad, por supuesto, como siempre. 

martes, 18 de diciembre de 2018

♪♫♪ Plutja al Montgó ♪♫♪


Una tarde del octubre pasado, estaba en el café Borneo, la tristeza vino a por mí y me llevó a casa de la mano. Al llegar cogí la guitarra, había vuelto pensando en un día que visité el parque natural del Montgó, un día en que sentí que había música en el aire y que mi corazón estaba eufórico, un día que parecía para enmarcar y colgar en la galería de los mejores días de mi vida y que mucho más tarde, procesando el pasado, vi que había que descolgarlo y lanzarlo al contenedor de la basura. El caso es que la música que sentí flotar en aquel aire del Montgó me llegó a los dedos de una forma mágica, no pensé en un fraude, sólo en lo que yo sentí en ese momento, y fue como si la tristeza me dictara esta melodía. No sé si es buena o mala, no tengo ni idea, sólo sé que fue algo mágico y que a mí me gustó. Cuando pensé en un título me vino éste a la mente, a pesar de que ese día había miles de mariquitas por allí y hacía un día espléndido, pensé en la lluvia, borrando las huellas de esos pasos perdidos. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Fort Jesús Pobre

Esta tarde en La Tasca, con Vicente y Álvaro, miraremos el Montgó una vez más.  Las palabras pugnan en mis dedos para salir pero no tengo tiempo de escribirlas, que aguarden pacientes, como el polvo que cubre un mueble olvidado en una habitación cerrada. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Bajo el Montgó


Fui feliz, todas las tristezas se colaron por el fregadero, sin decir adiós. Me dieron ganas hasta de escribir canciones, pero acabamos comprando piezas de fontanería. El sol brillaba para nosotros, una lavandera me miró y echó a volar como si supiera donde iba. Una llamada inoportuna retraso un pequeño encuentro, en un mundo lleno de problemas, como siempre ha sido el mundo desde el principio de los tiempos, pero nada parecía poder evitar que nos encontrásemos. Si escribo sobre las tristezas que me atenazan en ocasiones, ¿por qué no iba a escribir cuando me siento bien? No sería justo. El Montgó está precioso en esta época del año, como París o Florencia, lo miré no ya como una madre, sino como un viejo amigo prudente y esforzado. Hice una tortilla de patatas sin sal, pintamos una habitación de blanco, visité un local donde hablé con una encargada cuyo nombre rima con Lambretta, nos tomamos algo en el jardín del pulpo y volví a Valencia con el corazón en el asiento del copiloto. Me decía él que el fin de semana le había sentado muy bien y yo no veía la forma de contradecirlo. 

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Mis amigos me llaman Cuchillo o el tío Santi. Escribo canciones y toco la guitarra, también canto. Desde que era joven hasta ahora que no lo soy he tocado en grupos como Los Cuervos, Los Relevos, Morcillo y los Rangers, Los Brujos, Bandoneón, The Dancing Cansinos, Rocky Raccoons, Fort Mapache, Jukebox, Los Portuarios, The Mapaches o The Roller Coasters. Soy el guitarrista que no sabía cantar, el motorista al que no le gustaba correr, el lector de la Biblia ateo, puede que el tonto más listo del mundo, el padre de Dido o el hijo de la Yeyes. Como suele aparecer en algunos sobres de azúcar, hay que buscar los buenos ratos porque los malos se presentan ellos solos. Me gusta mucho leer desde niño, cocinar, tocar la guitarra y escribir canciones, navegar sin rumbo por la procelosa red de Internet, la historia y la música, el cine clásico y me gusta mucho reír, también escribir en mi blog, salir con mis viejos amigos o dar vueltas con mi Triumph. Como dijo Lennon: "la vida son las cosas que te pasan mientras tú estás ocupado haciendo otros planes" Así que intento no hacer planes nunca, sólo quiero estar a gusto sin molestar a nadie. Si lo consigo o no, tendrán que decirlo los demás.
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