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jueves, 20 de agosto de 2009

Arranao



Aunque nació en Cartagena por circunstancias del destino, toda la familia de mi abuela materna eran de Hellín, en Albacete. Cuando hablaba usaba muchas palabras que te llamaban la atención, sobre todo al comprobar que en Valencia no las usaba nadie más que ella, por lo menos que yo conociese. Esas palabras no salían del ámbito familiar y si alguna vez se te escapaba alguna, provocaba extrañas expresiones en los rostros de la gente y preguntas como: ¿qué estás diciendo?
Hay muchas: almorchón, atiuste, dengue, tontoelpijo, arranao, desjarabillao, difraz, escuerzo, si pensara un rato sólo, me vendrían más a la cabeza. Cuando hablo con mis hermanas usando estas palabrejas, nos partimos de risa, nos hacen gracia y nos traen recuerdos. No voy a escribir aquí un diccionario pero "arranao" significa terriblemente cansado, justo como acabo muchos días.

miércoles, 15 de julio de 2009

Sobre Rosita Alvírez y otras cosillas sin importancia.


Esto es una amenaza en toda regla: el otro día me acordé de una canción que compuse junto al Señor Marí. Hicimos la música entre los dos y yo me encargué de la letra. Respondía al nombre de "El rey de la basura" y trataba de un hecho real, un caso verídico como decía aquel humorista, que sucedió en México. Lo leí en El País, un asqueroso tipejo, mafioso y repugnante que explotaba salvajemente a los pobres que rebuscaban en los basureros del D.F. Murió a puro balazo pero no a manos de alguno de esos "pepenedores", que es como llamaban a los que hurgaban en la inmundicia, sino por los disparos de unos sicarios contratados por su esposa, harta de las palizas que le daba. El estribillo citaba una famosa ranchera llamada "Rosita Alvírez" que tiene un párrafo demoledor:
"La noche que la mataron,
Rosita estaba de suerte:
de tres tiros que le dieron,
nomás uno era de muerte.
Hará como unos quince años, volviendo con mi abuela Concha del chalé de un tío, le puse Rosita Alvírez y le gustó mucho. Me contó una historia que sucedió en Hellín en una línea parecida, cuando ella era joven. Bueno, antes de que se me escape alguna lágrima, tengo que decir que he dedicado esta versión a un amiguete mejicano llamado Microbial, por sus comentarios de ánimo. Cuando grabo estas canciones echo de menos a Paco Orozco...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Vinilos



     He  encontrado por ahí esta foto de mi pobre abuela con mi colección de Lp,s detrás de ella. Creo recordar que fue en 1997, cuando acababa de nacer mi hija Dido. Por pura comodidad y, como dice Serch, "practicidad" escucho pocos vinilos ya, donde más escucho música es en mi furgoneta y en segundo lugar en el ordenador, sin embargo, ahí están. De vez en cuando les hago salir de sus fundas y girar sobre el plato  y disfruto de la ocasión.  Casualidades de la vida, el último ensayo llevé allí unos posters de The Traveling Wilburys, aún tenía algunos de cuando trabajé para la Warner. A  los muchachos les encantaron. Hoy me han llegado un par de  mensajes de Mr. Grey con vídeos de estos grandes músicos. Recuerdo perfectamente cuando recibí como novedad en casa el primer Lp de ellos. Cada semana Seur traía una caja con las novedades en vinilo, el CD aún estaba en pañales, y tenía que ir por las tiendas y almacenes mayoristas enseñándolos y tomando nota de los pedidos. ¡Qué gran placer vender un disco que me gustó tanto¡ Trabajé para Warner durante unos tres años, entre 1988 y 1991, fue una gran época y además coincidió con mis primeros años con Xaro. Ser representante de una gran compañía discográfica estaba bien, también tenía su parte mala pero, en conjunto, era un buen trabajo. Las muestras que no me gustaban las cambiaba por otros discos que sí. De modo que los discos de Phil Collins o Madonna se  convertían al poco tiempo en Arthur Alexander o The Band, ¡menudo cambio¡ 

viernes, 26 de septiembre de 2008

Ca la yaya


Mi hermana mayor, que entonces se llamaba Conchi, después de tantos años se sigue llamando igual, y yo nos peleábamos mucho pero una vez se pasó un mes en Madrid y cuando volvió le prometí no volver a pelearnos nunca, cosa que, por supuesto, no cumplimos pero es verdad que la eché mucho de menos. No éramos malos pero jugando las hacíamos gordas aunque sin malicia. Mis tíos montaron un taller de relojes artísticos de bronce y lámparas, siempre llevaban algunos modelos a su casa hasta que los vendían, le hacían los dientes largos a la pobre mujer, mi abuela, y luego se quedaba con las ganas. Mi abuela siempre contaba esto, en la salita que daba al balcón por alguna razón había un tablón grande, lo colocamos sobre el marco de la puerta del balcón y nos columpiamos, colocándonos uno en cada extremo. Como no estaba fijo iba bailando y en uno de esos vaivenes, al subir y con el impulso del balanceo, sacó la puerta de las bisagras, la apoyamos contra el marco para que no nos echaran la bronca y nos fuimos a otra habitación a jugar. Ese día habían traído una lámpara de mesa con muchas tulipas, me parece que eran azules, y jugando los dos le dimos un golpe y acabó en el suelo. Cuando la yaya Concha y mi tía Conchi (qué lío de familia con tanta Concha, también tengo una prima que se llama así) terminaron de recoger los muchos cristales rotos y bombillas, decidió ir al balcón a que le diese el aire y al intentar abrir la puerta del balcón se le cayó la puerta encima. No se me olvidan los libros que teníamos entonces, como por ejemplo, uno, muy típico por otra parte, que trataba sobre los niños del mundo. Tenía dibujos con los trajes típicos y algunas costumbres (ya sabes, el francés se llamaba Pierre y detrás tenía la torre Eiffel) todo tópicos pero me gustaba. Mis favoritos eran los indios americanos y los lapones. Por supuesto el primer libro que recuerdo en mi casa es la Biblia, bastante antes de saber leer me enseñaron el principio del libro de Job y a medida que lo recitaba iba pasando el dedo por las palabras mientras miraba con atención y daba la impresión que leía. La gente se sorprendía pero era trampa. No sé que edad tenia, igual cuatro años. En esta foto ya éramos más mayores e íbamos al colegio de la Inmaculada, en la esquina de Calixto III con Juan LLorens.

domingo, 14 de septiembre de 2008

2006


De vez en cuando me pasaba a ver a mi pobre abuela, cada vez estaba peor, de pasó veía a mi pobre madre que se pasaba allí cuatro días a la semana para cuidarla. Pasé un miércoles, la vi fatal, una persona tan alegre en ese estado da mucha pena, era como si ya estuviera muerta. El viernes de la misma semana la ingresaron, el riñón no le funcionaba y si no conseguían animarlo era cuestión de horas que muriese y así fue, falleció a las siete y media del día siguiente, cuatro de marzo de 2006, justo el día que se casaba su nieta, y prima mía, Angie. Fue un fin de semana familiar, el viernes en el hospital, el sábado de boda y el domingo de entierro. Una boda de ese tipo cuesta una fortuna y no se puede cambiar de fecha pero resultó triste, a pesar de que todos hicimos un gran esfuerzo. Estaba claro que era una cosa que tenía que suceder, cada vez más claro, pero... no es lo mismo hacerte a la idea que mirar a tu abuela a través de aquel maldito cristal. La vi dentro del ataúd y me puse a llorar, pese a llevar tanto tiempo haciéndome a la idea, me resultó insoportable. Supongo que cuando alguien muere casi lloramos más por nosotros que por quien se ha ido. Envidio a la gente que sabe llorar, dejar fluir las lágrimas, que salgan de ti y se lleven por lo menos una parte del dolor. Yo me estremezco, una parte de mí lucha por no hacerlo y acabo soltando cuatro lagrimones que no consiguen arrastrar nada consigo y el dolor se queda dentro.

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Mis amigos me llaman Cuchillo o el tío Santi. Escribo canciones y toco la guitarra, también canto. Desde que era joven hasta ahora que no lo soy he tocado en grupos como Los Cuervos, Los Relevos, Morcillo y los Rangers, Los Brujos, Bandoneón, The Dancing Cansinos, Rocky Raccoons, Fort Mapache, Jukebox, Los Portuarios, The Mapaches o The Roller Coasters. Soy el guitarrista que no sabía cantar, el motorista al que no le gustaba correr, el lector de la Biblia ateo, puede que el tonto más listo del mundo, el padre de Dido o el hijo de la Yeyes. Como suele aparecer en algunos sobres de azúcar, hay que buscar los buenos ratos porque los malos se presentan ellos solos. Me gusta mucho leer desde niño, cocinar, tocar la guitarra y escribir canciones, navegar sin rumbo por la procelosa red de Internet, la historia y la música, el cine clásico y me gusta mucho reír, también escribir en mi blog, salir con mis viejos amigos o dar vueltas con mi Triumph. Como dijo Lennon: "la vida son las cosas que te pasan mientras tú estás ocupado haciendo otros planes" Así que intento no hacer planes nunca, sólo quiero estar a gusto sin molestar a nadie. Si lo consigo o no, tendrán que decirlo los demás.
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