V i S i T a S

jueves, 8 de septiembre de 2016

B l u e s


Hace unos años Campanar alojaba el supermercado de la droga, un dudoso honor que los vecinos de este valecianot barrio  hubieran traspasado con ganas a cualquier otro sitio, a las puertas del infierno a ser posible. Los clientes de este curioso más que mercado afluían de toda la ciudad, en su camino hacia las cañas iban terminando de reunir la cantidad que necesitaban para su dosis. Arrasaron el barrio, creo que no quedaría nadie que no sufriera a aquellos personas, enfermos, vale, pero que abusaban de la paciencia de sus conciudadanos hasta límites que sobrepasaban con creces su capacidad de aguante. Era desolador, no pasaba un día sin que te enterases de algo, vecinos, amigos, madre, hermana, mujer e hija, tú mismo, todos tenían su anécdota con robo. Ibas a la policía y estaban aburridos de estos casos, según ellos no podían hacer casi nada. No voy a relatar aquí todo lo que pasamos, sólo una cosa, a la que fui capaz de extraer cierta gracia dentro del berrinche. Me abrieron mi vehículo tres veces, desde luego no guardaba allí las joyas de la familia, que ni las hay, pero si se llevaron todo lo que pudieron y lo que me provocó una sonrisa fue que se llevaron unos cuantos CD,s de blues de los años 30. Cosas de Robert Johnson, Blind Lemon Jefferson y otros artistas de la época. Aunque seguramente ni los escucharon, lo mal venderían o los tirarían a saber donde, me hizo gracia pensar qué sentirían esos yonkis al escuchar esos viejos discos de blues. 

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