

Hará cosa de un par de meses recibí la llamada de Javi Gafotas. "Tengo algo que proponerte", me dijo, consistía en salir a tocar una canción de Los Cuervos con su grupo en un festival de música de los ochenta. Siempre que sea tocar, aunque sea la guitarra, suelo estar dispuesto, así que dije que sí. Hicimos un par de ensayos y el sábado pasado, acompañado del gran Serch, me pasé por allí. Una noche fría y lluviosa, con caras conocidas, bueno, todo el mundo me suena pero no sé quien es casi nadie. Tocar con un equipo, guitarra y amplificador, que no es el tuyo es como vestirte con la ropa de otra persona, sólo la casualidad puede hacer que te siente medio bien, pero sólo era una canción y no valía la pena acarrear bártulos. Desde aquí gracias, una vez más, a Eugenio Cardona de Los Flacos que me prestó la Telecaster. Tocaban muchos grupos y el camerino parecía el camarote de los hermanos Marx. Pues nada, salí allí, visité el recuerdo del garito del hombre amable y las chicas que no me entendían porque era raro. Iba a dedicar la canción a aquellas chicas y a mis compañeros en Los Cuervos pero en el escenario no me apeteció decir nada. Eso yo, que hablo casi tanto como un griego, siempre me sorprendo a mí mismo.
Para esta ocasión, Los Plásticos se convirtieron en El Respetable.