
Siempre he estado muy orgulloso de mis padres, aunque puede que la preparación que recibí no fuera la adecuada para este planeta de caníbales, el fallo no estaba en ellos sino en este mundo. Puede que sea filosofía barata de andar por casa, quizás no dé más de mí, pero resulta paradójico que las cosas buenas traigan cosas malas y viceversa. Podría poner muchos ejemplos, tenerlo todo puede ser genial pero hace que no valores las cosas; no tener nada es horrible pero hace que cualquier pequeño logro o bien material te llene de satisfacción. Dicen que cada uno es el mejor médico de uno mismo y yo diría algo parecido sobre la filosofía, cada uno debe extraer la suya propia. Me gustaba aquello de los estoicos de ser indiferentes al placer o al dolor, aunque es más fácil de decir que de hacer o aquello de que nunca debemos esperar cosas demasiado buenas para no decepcionarnos. Esto último se me fue al garete cuando esperando cosas malas sucedieron peores todavía. Tampoco es posible soportar levantarte cada día pensando en que te va a atropellar un camión de 40 toneladas. La vida es como un contrato de seis meses, cuando ya sabes de qué va todo, te tienes que marchar. Lo dejo porqué parezco "El Asno de Oro", o sea, un burro filosofando.