jueves, 4 de octubre de 2018

Memphis







Hoy he limpiado a fondo mi gran habitación, moviendo muebles, quitando el polvo, barriendo y fregando... han aparecido 19 céntimos y 10 púas, ha sido mi recompensa, bueno, eso y verla limpia. Ayer hablando con mi hermana pequeña, sobre sensaciones y otros asuntos varios. Me costó dormir lo que no está en los escritos, ¿por qué nuestro cerebro no tiene un botón de On/Off? En los próximos 10 dias tengo cuatro actuaciones, no está mal para octubre. Ayer no estaba para casi nada pero aún así, haciendo un esfuerzo, grabé un par de vídeos. Entrando a cierto supermercado escucho una voz neutra por megafonía, dice que bienvenidos y que abren sus puertas para que podamos conseguir cualquier cosa que necesitemos, demonios, pienso por un momento, eso ya es decir...

miércoles, 3 de octubre de 2018

Es un error


Llevo unos días tristes, que me aspen si sé porqué, la tristeza vino con sus maletas para instalarse, como un familiar lejano que viene a vivir a la ciudad y necesita cualquier tipo de ayuda para comenzar su aventura. Así que le hice sentarse en una silla y le hablé: Vamos a ver, ¿qué quieres de mí? Pero hablaba en un lenguaje extraño, críptico, así que le dije, puedes quedarte unos días pero tendrás que salir pitando después. Mientras tanto puedes seguir hablando en sumerio, a mi me da igual, te aguantaré hasta que deje de aguantarte. Tengo formas de luchar contra ella...
Así que con esa sensación de los últimos días, cogí la guitarra y toqué una canción que siempre me gustó, de Los Auténticos, escrita por P. J. Villanueva, se trata de una de las poquísimas canciones que casi he tocado más con un teclado que con la guitarra, hace años la saqué con las teclas y solía tocarla cuando las tenía bajo mis torpes manos de teclista ocasional. Mientras lo hacía me vino a la mente que me hubiera convenido pensar en la letra en alguna ocasión pero nadie puede cambiar el pasado. 

martes, 2 de octubre de 2018

De vuelta en Nou Moles

Persiste esa sensación mientras visito mi antiguo barrio para dar una clase de guitarra, un paseo en moto por las calles que me vieron crecer. Al terminar quedo a tomar un agua con gas, llevo un chaleco vaquero que antes no me ponía por estarme pequeño y ahora resulta demasiado grande, excepto los bolsillos, que no me cabe ni el móvil. Saliendo del garaje, son ya las nueve y media, vuelvo a notar algo. Si Casandra tenía el don de la profecía pero la maldición de que nadie la creyese, yo tengo esta inútil habilidad, digamos por denominarla de alguna forma. En fin, pienso en otras cosas, sentir algo que no sé lo que es no me lleva a ningún sitio. Me siento con mi madre a ver la tv, una comedia de un país vecino, nos vamos a reír, le digo. Voy prediciendo lo que va pasando, mi madre se sorprende... ¿ya la has visto? No, pero ya he visto otras de esta actriz, está especializada en estos papeles. Ese es un pillo, a ese no le engaña, comenta mi pobre madre. No, mamá, las personas somos muy listas para unas cosas y extremadamente tontas para otras, sobre todo cuando tenemos necesidad de creer y porque, en el fondo, todos nos sentimos especiales y creemos tener derecho a algo especial. Ahí está el secreto del engaño, en captar a alguien que quiera algo a toda costa. Nos reímos, aunque las comedias de engaño siempre tienen un fondo triste, ridiculizan el dolor ajeno, si le pasa a otro nos resulta gracioso, si te pasa a ti no tanto. Un tipo anda muy triste por una calle solitaria, pisa una piel de plátano y se cae de culo, la gente ríe en sus butacas, si a ellos le doliera donde la espalda pierde su nombre, no sería igual. Es la naturaleza humana. 

lunes, 1 de octubre de 2018

Folsom Prison Blues



Un día más con la sensación de que algo pasa, algo sucede, bueno, yo qué sé qué demonios será y, sea lo que sea, ¿qué importancia puede tener? En otro episodio de las nuevas aventuras del motorista solitario, no me apetecía estar solo y me fui a estar con gente, pero solo, al Folsom y comer paella. Allí estaban muchos conocidos y subí a hacer algún tema, con el bajo y con la guitarra, en un vida de días extraños fue uno más en la caravana interminable. Los domingos por la tarde, y más en otoño, tienen estas cosas, circulando por un polígono, carreteras solitarias, el sol cayendo, el cuello de la cazadora agitado por el viento, algunos recuerdos tontos asomando la cabeza y yo usando la maza para hundirlos, como en aquel juego infantil. Días destinados al olvido, con la excepción de alguna foto y un agradable paseo en moto. 


domingo, 30 de septiembre de 2018

King Kong

Bajé a las cinco en punto, un par de guitarras, el ampli de Esponja, bolsita con pedales, mirando el móvil, pero no puedo estar sin hacer nada, así que saqué la Gibson y toqué un poco sentado en la escalera. Se abre el ascensor y sale mi madre, está mirando por el balcón y le extraña no verme salir, así que baja a investigar, David se ha retrasado, no pasa nada. Aparece al poco, guardo la guitarra y nos vamos a Massanassa a por el resto de trastos. mientras Esponja entra al local de ensayo me hago unos selfies en el coche, se ve que no puedo parar... Me sorprendo porque salgo muy bien, ¡piña¡,dentro de mis limitadas posibilidades,  eso da ánimos. Tranquilamente vamos hacia el sur, parada en Favara, Virginia,  abandono de un vaso de plástico, esperando observarlo a la vuelta como un monumento a nuestros viajes locos. Nos llaman de un club de Harley Boys and girls, nos vieron y quieren contratarnos, Esponja y Cuchillo negociando, oferta aceptada, exito total, una sonrisa se dibuja en nuestros rostros, entrechocamos los puños.  En Denia visitamos un local donde toqué un par de veces a principios de año, ya no hacen bolos pero es interesante mantener el contacto. La camarera es una chica que alegra nuestros corazones, los hombres, siempre sensibles a una cara bonita, dulce y amable. Con el tiempo casi justo, subimos por el Montgó, a la increíble velocidad de 30 km/hora. Probamos en Triskel, una pila se rebela, pero ahí está la vieja Squier para salvar la situación. Cena de kebabs, en otro sitio que me trae muchos recuerdos, Cuchillo y sus recuerdos olvidados siempre presentes, volvemos al hotel. La actuación bien, con un bajista añadido, un inglés de York llamado Woody que se ha vestido para la ocasión, puro R'n'R,  vamos atacando el repertorio, primero años cincuenta, luego rock en español o castellano, en eso llegan varios grupos de lugareños y bailan y gritan, se lo están pasando de miedo, menudo escándalo. David coge la acústica desenchufada y va por todo el local cantando, el público está encantado, es un showman de Bugarra con un gran corazón.  Vinieron Pepe y Gitti y les gustó mucho, me bebí una copa de vino, mirando la pared y pensando en no sé quien. Bueno, hora de volver, ya es muy tarde, en la rotonda aquella tan bonita con esculturas en hierro del otro Sr. Marí, ¡cómo no¡ prueba de alcoholemia, sin problemas, le digo al guardia civil, muy amable, que voy a hacer colección de boquillas, esto va para el blog, le digo a mi compañero de fatigas musicales. Esponja está derrotado, va pegando cabezadas y de repente se despierta y dice algo: "Estoy muy contento, allá donde vamos, gustamos, vamos haciendo amigos y consiguiendo nuevas fechas", dice eso y se vuelve a dormir. Minutos roncando, vuelve a despertar: "Sí, ese tema ha gustado mucho y tenemos que tocarlo más...", vuelta a los ronquidos, estuvo muy gracioso. Paro en Favara, el vaso ya no está, seguimos camino, cansado pero bien, mientras David duerme más pensamientos, sobre todo y sobre nada, ideas bailando como derviches locos, yo como King Kong en lo alto del Empire State, luchando con fiereza.  Dejo a David y enfilo hacia Campanar, parado en un semáforo, una chica sale de una discoteca, al lado del antiguo cine Aliatar,  parece que ha bebido un poco, las piernas torpes más bonitas de la noche, el vestido se mueve sobre unos altos tacones, ve mi cara de admiración y me sonríe... debió pensar que era un abuelete simpático. Cuando entro en casa, son las cinco y pico, mi madre sale de su habitación, ¡qué tarde es hijico mío¡ Bueno, es mi trabajo, no tiene importancia, mamá. 

sábado, 29 de septiembre de 2018

14 años después sigue tan bonita como siempre

Con el cambio de aceite y filtro, la ITV recien pasada, sus catorce años en activo y su porte clásico y elegante, es un placer coger mi vieja Triumph y recorrer la ciudad un viernes por la noche. Fui a ver a Esponja al Sttugart, me sacó a hacer unos cuantos temas y cené con los músicos, no quería cenar pero David insistió. La verdad es que he engordado un par de kilos pero me veo mejor, estaba entrando ya en terreno peligroso y me estaba convirtiendo en la versión pasa de cuchillo, ahora he tensado un poco la piel del tambor y me veo mejor, dentro, como siempre, de mis limitadas posibilidades. Al acabar la movida me fui a Radio Tránsito, un garito para gente de mi edad, más o menos, para constatar una vez más que mi reino no es de este mundo. Algo tiene la moto que me hace pensar mientras transito por Russafa, pero eso también forma parte de mí y no creo que pueda cambiar. Como muchas otras veces, en un semáforo, una mujer de mi edad en un Mercedes-Benz de esos que valen un pastizal me examinó como un ser de otra galaxia, la verdad es que era muy atractiva, me miraba como un ser de otro mundo y tenía razón, estuve a punto de decirle algo, alguno de esos disparates que me vienen a la cabeza continuamente o una cita del algún libro olvidado o una película clásica pero callé, ¿para qué? 

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Mis amigos me llaman Cuchillo o el tío Santi. Escribo canciones y toco la guitarra, también canto. Desde que era joven hasta ahora que no lo soy he tocado en grupos como Los Cuervos, Los Relevos, Morcillo y los Rangers, Los Brujos, Bandoneón, The Dancing Cansinos, Rocky Raccoons, Fort Mapache, Jukebox, Los Portuarios, The Mapaches o The Roller Coasters. Soy el guitarrista que no sabía cantar, el motorista al que no le gustaba correr, el lector de la Biblia ateo, puede que el tonto más listo del mundo, el padre de Dido o el hijo de la Yeyes. Como suele aparecer en algunos sobres de azúcar, hay que buscar los buenos ratos porque los malos se presentan ellos solos. Me gusta mucho leer desde niño, cocinar, tocar la guitarra y escribir canciones, navegar sin rumbo por la procelosa red de Internet, la historia y la música, el cine clásico y me gusta mucho reír, también escribir en mi blog, salir con mis viejos amigos o dar vueltas con mi Triumph. Como dijo Lennon: "la vida son las cosas que te pasan mientras tú estás ocupado haciendo otros planes" Así que intento no hacer planes nunca, sólo quiero estar a gusto sin molestar a nadie. Si lo consigo o no, tendrán que decirlo los demás.
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